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San Felices de Los Gallegos,

un paseo por su entorno natural:



San Felices de Los Gallegos está enclavado en el Parque Natural Arribes del Duero. La riqueza paisajística que ofrece San Felices, es fruto del contraste de la llanura, destinada al cultivo de cereales y pastizales, con los profundos cañones y riscos escarpados por donde transcurre encajonado el Águeda en su camino hacia Portugal, para unirse de nuevo al padre Duero. El Águeda es posiblemente, el único río de Las Arribes que conserva en la actualidad su ecosistema fluvial, gracias al cual podemos imaginar y recordar lo que fue toda la comarca de Las Arribes, en cuanto a su riqueza paisajística y a la naturaleza virgen, se refiere. La orografía del terreno, con sus profundos cortados y riscos de granito, por donde fluye el río, sus estrechas veredas y caminos de herradura que conducen a bellos parajes de difícil accesibilidad, y su peculiar microclima mediterráneo, han proporcionado una variadísima vegetación en la que abundan encinas, robles, enebros, hayas, fresnos, arces, álamos... y se cultivan almendros, vides y olivos. Las jaras escobas, cantuesos, espinos, majuelos, hendirnos y tomillos que pueblan los cortados y laderas han mantenido a salvo sus reservas cinegéticas. Más de doscientas especies de vertebrados han encontrado refugio, gracias a la tranquilidad de estos parajes para vivir y reproducirse. Las Arribes del Águeda acogen una reserva de aves, en su mayoría protegidas. Cigüeñas negras, buitres, alimoches, águilas perdiceras, águilas calzadas, águilas reales, búhos reales, mochuelos... sobrevuelan los riscos escarpados sobre los profundos cañones que la erosión fluvial ha originado. Crían también, en estos parajes, la nutria, la jineta, el tejón, el zorro y el jabalí. Sus cuantiosos cortados y miradores permiten amplias panorámicas; los saltos de agua del río y los arroyos, ofrecen espléndidos paisajes donde recrear la vista, escuchar el rumor del agua y respirar los dulces aromas, con los que la rica vegetación, perfuma estos campos. Es aquí en estos parajes, donde el caminante puede sentirse descubridor y concebir la sensación de paz y libertad que emana de una tierra virgen.



Castro de Castelmao, Puente de Los Franceses y Mesa del Conde:



La Mesa del Conde, el Castro de Castelmao y el Puente de Los Franceses los conoceremos realizando una agradable ruta de senderismo. La ruta denominada GR.14.1, está señalizada con balizas con dos rayas paralelas una roja y otra blanca en la parte superior, cuando las rayas aparecen cruzadas es un camino que no corresponde a la ruta. Esta ruta comienza en Hinojosa de Duero pasa por Sobradillo, Ahigal del los Aceiteros y San Felices hacia el Puente de los Franceses, Puerto Seguro y acaba en La Bouza. Si la hemos iniciado desde San Felices, se nos ofrecerá un paisaje de huertas a ambos lados del camino con sus cigüeñales o zanguaños. Al pasar el primer Kilómetro veremos frondosos valles con fresnedas, más adelante hay un caño donde se bifurcan dos caminos, elegimos el de la izquierda que nos llevará hasta el Castro. La mayor parte de los dos kilómetros restantes transcurren entre paredes de piedra y peñas graníticas, hasta llegar a la zona denominada como "Arribes del Águeda", ahí nos encontraremos con el Castro de Castelmao. El castro parece que albergó al pueblo Vetón desde el siglo IV a.C. hasta el siglo IV d.C. Las estructuras defensivas del yacimiento se localizan en su extremo septentrional. En una primera línea las defensas cuentan con un potente friso de piedras hincadas de noventa metros de longitud por cuarenta de anchura. En una segunda línea se levanta un potente paramento en talud fabricado a base de mampostería en seco con sillares de tamaño irregular. El amurallamiento no cierra más que esta vertiente del castro. Después de ver este interesante yacimiento, volveremos sobre nuestros pasos hasta el abrevadero anterior tomando ahora el otro camino, a la izquierda desde la dirección en la que venimos, que nos llevará a nuestro siguiente destino: el Puente de Los Franceses, único vestigio del paso del ejército francés por la villa. En este camino nos rodearán los cultivos de olivares hasta llegar a lo alto de las “Arribes del Águeda”, se desciende por un camino pedregoso que serpentea por la ladera. La llegada al puente nos ofrecerá unas espectaculares vistas del río y sus “Arribes” con un cielo surcado frecuentemente por aves rapaces y buitres. Observaremos al llegar que el puente tiene sillería de granito con tres ojos, formados por arcos de medio punto. La luz del arco central duplica la de los laterales, con pretil de granito. Si se tienen fuerzas se puede subir, por el mismo camino, las “Arribes” del otro lado, para visitar Puerto Seguro. Por último, la ruta que da nombre a nuestro/Tu Centro de Turismo, La Mesa del Conde la encontramos a una distancia aproximada de la Villa de unos 3-4 kms., iniciándola en el mismo camino que lleva al castro y al puente pero, enseguida parte hacia la derecha el que nos llevará al destino. Pasaremos también por una zona de fresnedas y huertas con cigüeñales, comenzando rápidamente la siguiente de antiguos olivares que se han ido convirtiendo en encinares. A nuestra derecha siempre nos acompaña un riachuelo que poco a poco se va encajonando más y más. Si estamos atentos veremos numerosas chozas de piedra y bancales o paredones. Al final del camino se encuentra la entrada a una finca particular que tiene una pequeña meseta donde observamos ya el hermoso paisaje de la Mesa del Conde. Los atrevidos pueden descender unos metros por un sendero hasta un promontorio rocoso desde el que se pueden observar un corte profundo del terreno y un salto de agua de más de 70 m. protagonista del paisaje. Este lugar fue el preferido para sus cacerías por el Conde don Sancho, quien da nombre a este bello paraje.

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